“¡Saquen a ese inútil del equipo… ahora mismo!” — El presidente del Atlético de Madrid, Enrique Cerezo, no pudo contener su indignación tras lo que él mismo calificó como la derrota más humillante de la temporada. El 0-1 sufrido en casa ante el Real Betis, en un Cívitas Metropolitano que se quedó helado tras el pitido final, desató una tormenta en las entrañas del club.

Según diversas fuentes cercanas a la directiva, Cerezo no esperó ni a salir del palco para hacer llegar su furia al cuerpo técnico. Exigió a Diego Simeone una respuesta inmediata y drástica: cortar de raíz con tres jugadores que, a su juicio, habían protagonizado actuaciones inexcusables, decepcionantes y, sobre todo, indignas del escudo que llevan en el pecho.

La derrota no fue solo un resultado más. Fue un golpe directo al orgullo de una afición que, pese a las dificultades de la campaña, seguía llenando el estadio y coreando el nombre del equipo hasta el último segundo. El gol del Betis, llegado en una contra letal tras un error en la salida de balón, desnudó carencias que venían acumulándose desde hace semanas: falta de intensidad sostenida, lentitud en la toma de decisiones y, sobre todo, una evidente desconexión en momentos clave.
Pero lo que realmente encendió la mecha fue la percepción, desde la cúpula del club, de que algunos futbolistas no estaban dando la cara cuando más se les necesitaba.

En las horas posteriores al encuentro, mientras Simeone comparecía en rueda de prensa asumiendo toda la responsabilidad y pidiendo disculpas públicas a los aficionados, en los despachos del Metropolitano se vivía una realidad muy distinta. Testigos presenciales aseguran que Enrique Cerezo, visiblemente alterado, mantuvo una conversación tensa con miembros de la dirección deportiva y con el propio entrenador. “Esto no se puede tolerar más”, habría repetido en varias ocasiones. Y luego llegó la petición concreta, sin ambages: tres nombres debían salir del equipo de forma inmediata. No se trataba de una cesión temporal ni de una advertencia.
El presidente quería decisiones irreversibles: apartarlos del grupo principal, reducir su presencia en los entrenamientos con el primer equipo y abrir expedientes para una salida definitiva, ya fuera por venta, rescisión o cualquier fórmula que los alejara cuanto antes del club.
Los tres jugadores señalados, según la información que ha trascendido, son figuras que en su día fueron consideradas pilares o esperanzas importantes del proyecto colchonero. El primero es un defensa central que ha sido indiscutible durante buena parte de la temporada, pero que en los últimos partidos ha encadenado errores graves: pérdidas en zona de inicio, despistes en la marca y una preocupante falta de agresividad en duelos individuales.
El segundo es un centrocampista con pasado de peso en el vestuario, con galones y cartel internacional, pero que, en opinión de la presidencia, ha perdido hambre competitiva, liderazgo y esa intensidad física que siempre ha sido marca de la casa en el Atlético de Simeone. El tercero es un delantero que llegó con la vitola de ser un revulsivo diferencial, pero que lleva meses sin marcar, sin desequilibrar y, lo que es peor para algunos en el club, sin transmitir la sensación de que le duele cada balón que no entra.
La exigencia de Cerezo no quedó en palabras. Fuentes internas indican que el presidente dejó muy claro que esperaba movimientos en el mercado de invierno —que aún está abierto— o, en su defecto, medidas internas de calado: apartamiento inmediato del once titular, reducción de minutos y, en última instancia, una desvinculación definitiva. “No vamos a permitir que tres jugadores maten la ilusión de toda una afición que se deja el sueldo cada quince días para venir al estadio”, habría sentenciado, dejando entrever que, para él, el límite de la paciencia ya se había superado con creces.
La reacción en el entorno rojiblanco fue inmediata. En las redes sociales, los nombres de los tres futbolistas empezaron a circular acompañados de miles de comentarios que iban desde la crítica más dura hasta la petición explícita de que se tomaran medidas urgentes.
En los grupos de aficionados y en los programas de radio madrileños, el debate se encendió al instante: ¿tenía razón Cerezo en señalar nombres concretos o estaba poniendo en peligro la unidad del grupo que tanto ha costado construir? ¿Era justo cargar contra jugadores que han dado todo en el pasado o era necesario mandar un mensaje claro de que nadie está por encima del club?
Mientras tanto, Diego Simeone mantuvo su línea de siempre: proteger al grupo, asumir la responsabilidad como cuerpo técnico y evitar señalar a nadie en público. En su comparecencia post-partido, el Cholo volvió a repetir que el problema era colectivo y que la solución pasaba por más trabajo, más claridad táctica y más confianza en los recursos que ya tiene la plantilla. “No hemos estado bien, pero esto lo arreglamos trabajando, no buscando culpables individuales”, insistió. Palabras que, aunque coherentes con su filosofía, contrastaron fuertemente con la postura mucho más contundente y visceral de la presidencia.
Ahora el Atlético se encuentra en una situación delicada. Por un lado está Simeone, que históricamente ha defendido a muerte la cohesión del vestuario y que sabe que cualquier fisura pública puede costar muy caro en términos de rendimiento. Por otro lado está una directiva que, liderada por un Enrique Cerezo que pocas veces se pronuncia con tanta crudeza, parece decidida a no dejar pasar por alto lo que considera una falta de compromiso intolerable. Entre ambas posturas hay un abismo que, de no gestionarse con cuidado, podría generar una crisis interna de consecuencias imprevisibles.
Los próximos días serán clave. Si los tres jugadores terminan relegados al banquillo, apartados de las convocatorias o incluso apartados del grupo de trabajo principal, será una señal inequívoca de que la voz de la presidencia ha pesado más que la del entrenador. Si, por el contrario, Simeone logra mantenerlos en la dinámica habitual y revertir la tendencia con resultados positivos en los próximos partidos, demostrará una vez más por qué lleva más de una década al frente del banquillo colchonero: porque conoce a sus jugadores, protege su espacio y sabe navegar tormentas que otros no soportarían.
Lo que nadie discute es que la derrota ante el Betis marcó un antes y un después. No solo por el resultado, sino por la forma en que destapó tensiones que llevaban meses latentes. Para muchos en el club, fue el momento en que se hizo insostenible seguir mirando hacia otro lado. Y en el centro de esa tormenta aparecen tres nombres que, según el máximo accionista, ya no tienen sitio en el proyecto.
El tiempo dirá si las palabras de Enrique Cerezo se convierten en hechos irreversibles o si Diego Simeone consigue, una vez más, imponer su criterio y su método. Pero hay algo que ya nadie puede negar: en la noche del 0-1 ante el Betis, el presidente del Atlético de Madrid gritó con todas sus fuerzas que tres jugadores tenían que irse… y lo dijo completamente en serio.