El Riyadh Air Metropolitano debería estar hoy vibrando de ilusión y nervios. Mañana jueves 12 de febrero de 2026, a las nueve de la noche, el Atlético de Madrid recibe al FC Barcelona en la ida de las semifinales de la Copa del Rey. Para muchos, era la oportunidad perfecta de dar un golpe de autoridad en casa.
De romper la maldición reciente contra el eterno rival blaugrana y de llegar con ventaja al Camp Nou en el partido de vuelta. Sin embargo, en las últimas cuarenta y ocho horas el club colchonero ha recibido una noticia que ha caído como un jarro de agua fría sobre la plantilla, el cuerpo técnico y, sobre todo, sobre una afición que ya se imaginaba celebrando un resultado positivo.

Tres futbolistas imprescindibles para Diego Pablo Simeone no podrán estar presentes en este encuentro decisivo. No se trata de rotaciones, ni de sanciones leves, ni de molestias pasajeras. Son lesiones de entidad que llegan en el peor momento posible y que obligan al Cholo a replantear por completo la estrategia que tenía pensada para intentar doblegar al Barcelona de Hansi Flick.
La ausencia simultánea de estos tres nombres supone un varapalo deportivo de primer nivel y, quizás aún más importante, un golpe psicológico que se nota ya en las redes sociales y en los bares de Madrid donde los hinchas rojiblancos comentan la noticia con cara de incredulidad.

El primero y más doloroso de los tres es Antoine Griezmann. El francés, que lleva años siendo el alma creativa y el referente absoluto del proyecto colchonero, ha sido baja confirmada tras las pruebas realizadas esta misma mañana. Una lesión muscular de grado 2 en el muslo izquierdo, concretamente en el bíceps femoral, le mantendrá fuera entre tres y cinco semanas según el parte médico oficial.
Griezmann no solo es el máximo asistente del equipo esta temporada y el segundo máximo goleador; es también el jugador que mejor entiende el sistema de Simeone, el que conecta el medio con la delantera, el que aparece en los momentos clave y el que, con su inteligencia y desmarque, genera superioridades constantes.
Perderlo en una eliminatoria a doble partido contra el Barcelona es casi como jugar con un hombre menos desde el minuto uno. Los aficionados recuerdan con nostalgia aquella noche mágica de 2016 en la final de San Siro, cuando Griezmann marcó dos goles y levantó la Copa.Ahora, ese mismo jugador que tanto ha dado al club no podrá ayudar en el momento más importante del año.

El segundo nombre que ha dejado helado al Metropolitano es José María Giménez. El central uruguayo lleva siendo durante una década el pilar defensivo del Atlético. Fuerte en el juego aéreo, agresivo en la marca, rápido en la salida y líder natural en la zaga. Precisamente hoy el club ha confirmado que sufre una lesión en el sóleo de la pierna derecha que arrastra desde hace diez días y que, pese a los esfuerzos de los fisioterapeutas, no ha evolucionado lo suficiente como para estar disponible mañana.
Sin Giménez, la defensa colchonera pierde un 30% de duelos aéreos ganados y una seguridad que no pueden reemplazar ni Witsel ni Le Normand con la misma autoridad. El Barcelona, con Lewandowski arriba y con la capacidad de Raphinha y Yamal para generar centros y desbordes, puede encontrar precisamente ahí la vía para hacer daño. Muchos hinchas ya están haciendo cuentas: sin el uruguayo, ¿quién va a parar a un nueve como el polaco en los balones divididos? La respuesta genera más preocupación que confianza.
Y el tercero, quizás el que más ha dolido en el vestuario, es Rodrigo De Paul. El argentino, fichado precisamente para ser el motor incansable del centro del campo, se ha convertido en los últimos dos años en uno de los jugadores más importantes del equipo. Intensidad, llegada desde segunda línea, conducción, presión alta y, sobre todo, conexión directa con Griezmann y con Julián Álvarez. De Paul arrastraba unas molestias en el tobillo izquierdo desde el último partido de Liga contra el Betis.
Los médicos confiaban en que con reposo y tratamiento intensivo llegara a la semifinal, pero en el último entrenamiento el dolor se agudizó y las pruebas de hoy han confirmado una distensión de ligamentos que lo deja fuera mínimo tres semanas. Sin él, el Atlético pierde transiciones rápidas, pierde llegada desde segunda línea y pierde, sobre todo, ese carácter competitivo que contagia a sus compañeros.
Koke intentará cubrir su hueco, pero el capitán ya no tiene la explosividad de antaño y Barrios, aunque joven y con calidad, no tiene todavía la experiencia para manejar un partido de esta magnitud contra un Barcelona en plena forma.
La noticia ha caído como un mazazo en la ciudad deportiva de Majadahonda. Simeone, conocido por su capacidad para reinventarse ante las adversidades, ha tenido que modificar toda la sesión táctica de esta tarde. Las opciones que manejaba el cuerpo técnico pasan ahora por alinear un doble pivote más conservador con Koke y Pablo Barrios, adelantar ligeramente a Saúl para ganar presencia en ataque y confiar en que Julián Álvarez y Sorloth puedan generar peligro arriba sin la magia de Griezmann. En defensa, Le Normand y Witsel formarán pareja de centrales, con Reinildo y Molina en los laterales.
En las redes sociales la reacción ha sido inmediata y demoledora. Miles de mensajes con el hashtag #FuerzaAtleti y #SinEllesNoSePuede inundan X y las cuentas oficiales del club. Hay quien habla de “maldición copera eterna”, otros culpan directamente al calendario infernal de este mes de febrero, y no faltan los que recuerdan con amargura que el Atlético lleva desde 2013 sin levantar la Copa del Rey. “Nos quitan a los tres mejores y nos mandan al matadero”, escribía un aficionado con más de quince mil likes en pocos minutos.
Mientras tanto, en la otra acera, el Barcelona observa con una mezcla de satisfacción y cautela. Hansi Flick sabe que el Atlético, incluso sin sus tres referentes, sigue siendo un equipo durísimo en casa. Sabe que Simeone es especialista en hacer crecer a sus jugadores cuando todo parece en contra. Pero también sabe que las bajas de Griezmann, Giménez y De Paul le abren una ventana de oportunidad enorme.
Lewandowski puede aprovechar los espacios que deje una defensa sin Giménez, Pedri y Gavi pueden dominar el medio sin la presión asfixiante de De Paul, y Lamine Yamal puede desequilibrar por banda sin tener que preocuparse tanto por la marca de un Griezmann que suele bajar a ayudar en defensa.
Mañana a las nueve de la noche se sabrá si este golpe tremendo termina convirtiéndose en la chispa que enciende la remontada colchonera o si, por el contrario, termina siendo el principio del fin de una ilusión copera que había crecido con fuerza en las últimas semanas. Lo que está claro es que el Atlético afronta una de las noches más complicadas de los últimos años. Sin sus tres pilares. Sin margen de error. Y con una afición que, pese al dolor, seguirá cantando en las gradas hasta el último segundo.
Porque si algo ha demostrado esta camiseta rojiblanca a lo largo de la historia es que, incluso herida de muerte, nunca se rinde del todo. Mañana el Metropolitano será un hervidero. Y aunque hoy duela como pocas veces, el grito de “Aúpa Atleti” seguirá resonando más fuerte que cualquier lesión, más fuerte que cualquier mala noticia.